El principal motor de este ajuste no es solo el valor del dólar, sino la entrada en vigencia de una nueva etapa de la actualización de los impuestos a los Combustibles Líquidos (ICL) y al Dióxido de Carbono (IDC).
Esta medida, dispuesta por un decreto del Gobierno Nacional, forma parte de un cronograma de recuperación de la carga impositiva que había sido postergada a lo largo del año. Se calcula que el componente tributario específico de este tramo representó un incremento de alrededor de $16,37 por litro para la nafta y cerca de $13,54 para el gasoil, monto al que luego cada petrolera sumó su propio margen de ajuste por inflación, tipo de cambio y costos operativos.